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En 2001, el Arzobispo Francis P. Carroll, entonces Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos Australianos, dijo: 'Confiamos plenamente en que María, Madre de Jesús, esté con nosotros para orar por nosotros y para guiarnos hacia su Hijo. Con el amparo y el poder del Espíritu Santo, María concibió y dio a luz a Jesús, lo alimentó de niño, lo buscó cuando estaba perdido, despertó su primer milagro y lo acompañó hasta el fin junto a su Cruz de vergüenza y sufrimiento. Estaba con los Apóstoles y los Discípulos cuando el Espíritu Santo bajó con el poder Pentecostal para dar nacimiento a la Iglesia.
Al acompañar a su Hijo en todos los acontecimientos importantes de la vida, nadie podría dudar de que acompañe a la Iglesia en su vida y crecimiento como el Cuerpo de Cristo. No sólo María acompaña y apoya a la Iglesia como primera discípula de su Hijo, sino que también es su Madre.
Debemos ser un pueblo santo unido en el amor. El Papa Juan Pablo nos recuerda que la estructura de la Iglesia se ordena por completo en función de la santidad de los miembros de Cristo, y la santidad se mide según el gran misterio en el que la novia responde con la ofrenda del amor a la ofrenda del novio. María nos antecede a todos con la santidad que es el misterio de la Iglesia. Ella nos antecede como 'un modelo de la Iglesia en la fe, la caridad y la unión perfecta con Cristo'. El Santo Padre escribe: 'Ella (María de Nazaret) precede a todos en el camino de la santidad; la Iglesia ya ha alcanzado, en su persona, esa perfección por la cual ella existe 'sin mancha ni arruga' Así, podemos decir que la Iglesia es a la vez mariana y apostólico-petrina'
Dios entró primero al mundo a través de María, que es 'llena de gracia' (Lucas 1, 28), cuando nació Jesús y Jesús realizó su primer milagro público impulsado por ella. Tuvo una presencia esencial cuando el Espíritu se derramó sobre la Iglesia naciente en Pentecostés para cumplir la promesa de que 'recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, seréis mis testigos' (Hechos 1, 8). Ella nos enseña cómo permitir que Dios se derrame sobre el mundo a través de nosotros para 'glorificarlo' (véase Lucas 1, 46-55), para que Él pueda ser visto, entendido, amado y adorado. Los peregrinos de la JMJ08 pueden consagrarse a ella con las palabras de Juan Pablo II 'todo tuyo', para que Dios pueda transformar más libremente a cada uno de nosotros y al mundo con su poder de salvación.
Nuestra Señora de la Cruz del Sur, ayuda de los cristianos - ruega por nosotros.
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